La educación del futuro

La educación del futuro

Edgar Morin, un escenario global,
Gabriel García Márquez, un escenario local
Por: Myriam Henao Willes, socióloga, Gerente de Contenidos portal Universia
myhenao@universia.net
Artículo publicado en la Revista Colombia Ciencia y Tecnología de Colciencias
Volumen 17 No. 4 octubre-diciembre de 1999

Notas de Reflexión

Construcción del Futuro

La invitación de la UNESCO a Edgar Morin para producir un documento sobre educación, se inscribe precisamente en el importante espacio que las nuevas corrientes de pensamiento han venido ganando y que la sociedad mundial reconoce por su carácter universalista y científico, en el marco de un contexto planetario que busca nuevos referentes materiales y espirituales.
Introducir dinámicas catalizadoras e impregnadas de un nuevo sentido, tal
como lo percibe la UNESCO, es una necesidad relevante en la construcción del futuro que la humanidad debe asumir como su responsabilidad con la historia y, por supuesto con la educación.
Conocer la trayectoria de Edgar Morin, a través de su vasta obra científica,
permite comprender en profundidad la intención de la invitación de la UNESCO.
Su obra, impregnada de rupturas racionales, lógicas, afectivas y emocionales, de refutaciones, de conjeturas y de nuevos paradigmas, da a lugar a una nueva conciencia de los desarrollos del pensamiento. A pesar de la muerte de los metarrelatos y el fin de la historia, propuesto por Fukuyama, que parecían expresar cierto agotamiento en el progreso del pensamiento, en las postrimerías del siglo XX. Morin, inyecta al pensamiento del planeta una nueva dinámica que se alimenta de la misma vitalidad que lo anima, lo cambia, lo transforma y con la que da a luz en cada segundo a una nueva razón para continuar con la indagación.
Del documento denominado “Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro”, es posible hacer varias clases de lectura, de acuerdo con el interés específico que se busque resaltar. En las siguientes notas procuraré hacer algunas reflexiones sobre su contenido, tomando como telón de fondo, la experiencia colombiana en la educación de nuestra población, y para ello me sirvo en varios de los comentarios del precioso texto de Gabriel García Márquez “Un país para los niños” proclama para la misión de ciencia y educación. Brevemente, se podría decir que el documento de E. Morin nos remite al texto de García Márquez, por muchas razones, entre otras, porque es para la educación de futuro de los colombianos y porque el ‘autor trata de caracterizarnos “dentro de la encrucijada de destinos que nos’ ha forjado una patria densa e indescifrable, donde lo inverosímil es la única medida de la realidad” y así pienso, cada país hará su propia lectura del texto, basados en su propia realidad.

Primera Nota

Conocimiento y Educación

Morin, ubica definitivamente a la educación en unos nuevos escenarios:
Conocimiento, complejidad, incertidumbre y racionalidad, quizás más familiares para algunas disciplinas y saberes relacionados con las ciencias de la naturaleza, y más extraños para la ciencias de la educación, dentro de las condiciones actuales del país.
Una primera relación: Conocimiento y Educacion, relación muy poco
usada en nuestra realidad. Al respecto, señala, García Márquez: “Aunque
somos precursores de la ciencia en América, seguimos viendo a los científicos en su estado medieval de brujos herméticos, cuando ya quedan muy pocas cosas en la vida diaria que no sean un milagro de la ciencia”.
La trivialidad desde la que se ha pensado la educación en Colombia, ha
significado que ésta haya sido objeto de tratamientos, tales como:
• Una educación restringida a hacer parte de un programa de gobierno, cuya importancia, puede medirse en los precarios recursos financieros dedicados a su desarrollo, fuera de las preocupaciones centrales, ni
como ; parte de las políticas públicas de carácter fuerte, ni como factor de desarrollo económico dentro de los planes nacionales de desarrollo.
• Una educación concebida en su dimensión topográfica (lugar para permanecer algunos años de la primera edad), que entiende la educación como un conjunto de edificios con maestros. En Colombia
restringido a una escasa parte de la población.
• Una educación que solo en las últimas décadas, ha sido objeto del abordaje científico de una comunidad académica, que apenas empieza a lograr algunos espacios organizacionales significativos, pero privada de fondos para avanzar en la investigación y en la reflexión de sus grandes problemáticas.
• Una educación para la repetición, la memoria y la obediencia, en lugar de una educación para el pensamiento.
Estos tratamientos explican, en parte, las limitadas dimensiones y perspectivas que asisten, no sólo en la mentalidad de los usuarios sino en la de quienes la ejecutan y peor aún de quienes planean su programación en el mediano y largoplazo. La ignorancia específica y no el conocimiento ha estado articulada a las concepciones e ideas en medio de las cuales nuestra educación ha crecido. En contraste con ello, Morin recomienda: la “educación debe dedicarse a la identificación de los orígenes de errores, de ilusiones y de cegueras, y… El conocimiento queda como una aventura para la cual la Educación debe proveer los viáticos indispensables”.
Extraño que la recomendación del autor sea que la educación enseñe el conocimiento, cuando ésta es una función propia de la misma. Morin nos aclara que se trata de un conocimiento pertinente. Qué lo hace pertinente? Cuatro grandes principios indica el documento: el contexto, lo global, lo multidimensional y lo complejo.

El conocimiento del contexto es decir de las informaciones y de los demás elementos que interactúan con ellas, es condición para que la educación adquiera un nuevo sentido. Lo global como el conjunto que contiene partes diversas ligadas de manera Inter-retroactiva u organizacional. Lo multimensional es una noción que parte de considerar el SER HUMANO a la vez: BIOLÓGICO, SÍQUICO, SOCIAL, AFECTIVO, RACIONAL y a la SOCIEDAD a la vez: HISTÓRICA, ECONÓMICA, SOCIOLÓGICA, RELIGIOSA
Y POLÍTICA.

Hay complejidad cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo, tejido junto, tejido interdependiente entre el objeto de conocimiento y su con texto, las partes y el todo y el todo y las partes. La complejidad es la unión entre la unidad y la multiplicidad. En consecuencia la educación debe formar en el individuo una inteligencia general que involucre en su acción estos cuatro grandes principios del conocimiento pertinente.

Segunda Nota

El principio de la incertidumbre planteado por Heisemberg a comienzos del siglo pasado, incorporado al conocimiento dé la física cuántica, hace parte también de ese nuevo escenario que diseña Morin para la educación, quien señala que la educación para el futuro debe reconocer un principio de incertidumbre racional.
La racionalidad planteada como actitud vigilante de autocrítica y como virtud de la actuación científica es un seguro contra las falsas ilusiones de la verdad eterna, revelada; contra las creencias en lo definitivamente terminado, contra la imposición de los fundamentos absolutos; contra el dogmatismo de toda clase; contra el monopolio del conocimiento en los docentes, etc. En nuestra educación no se ha acostumbrado hablar de estos dos conceptos:
incertidumbre y racionalidad. Vincular ambos conceptos en sus nuevos direccionamientos implica una revolución curricular, formativa, en las mentalidades y los imaginarios.
El reto al que nos enfrentamos hoy desde el punto de vista del conocimiento es como encontrar alternativas epistemológicas que respetando la diversidad, lo particular y lo singular, la racionalidad sea un criterio mínimo que permitan elaborar explicaciones rigurosas pero flexibles, cuyas consecuencias den a conocer el significado y sentido de los acontecimientos naturales y sociales.
El dilema podría expresarse así: Anarquismo total o Positivismo dogmático. El mundo contemporáneo propone la construcción de epistemologías alternativas no excluyentes, ni polarizadas en alguno de los extremos: Juegos del Lenguaje, Pensamiento complejo, Ecología conceptual, entre otras.
Incertidumbre y racionalidad tienen una fuerza vital tan radical que la educación actual al apropiárselos y aprehenderlos quedaría desprovista de los atrofiados soportes en los que ha apoyado sus estructuras centrales de comprensión y cognición, para dar a luz a cambios en los paradigmas
consagrados, sustentados en lógicas simplistas y unidimensionales. Como diría García Márquez: “Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir”. “Introducir dinámicas catalizadoras e impregnadas de un nuevo sentido, es una necesidad relevante en la construcción del futuro que la humanidad debe
asumir como su responsabilidad con la historia y, por supuesto con la educación”. Por supuesto, la Ley 115 ha dado las primeras señales en este cambio de paradigma, ya desde 1994. Esta ley movilizó ideas que proponen una nueva racionalidad a la educación colombiana, empezando a plantear la necesidad de modificar los estilos pedagógicos autoritarios,enciclopedistas, contenidos curricularles inflexibles; enseñanzas instrumentales y profesores
descontextualizados del conocimiento y de la realidad social, no autónomos y poco creativos. Por lo tanto, con la Constitución Política del año 91 y la Ley 115 del 94, contamos con un marco jurídico para transformar radicalmente la educación, pero como dice G. Márquez: “somos dos países a la vez: uno en el papel y otro en la realidad”. La incertidumbre dice Morin, destruye el conocimiento simplista, es el desintoxicante del conocimiento complejo. El pensamiento simplista hace referencia al gran paradigma de Occidente, formulado por Descartes e impuesto por los desarrollos del pensamiento europeo desde el siglo 18. El paradigma cartesiano que separa el sujeto del objeto, asignando a cada uno una esfera propia: la filosofía y la investigación reflexiva para el sujeto y la investigación objetiva y la ciencia para el objeto.
Esta disociación atraviesa el universo de un extremo a otro:

Sujeto – objeto
Alma – cuerpo
Espíritu -materia
Calidad -cantidad
Finalidad -causalidad
Sentimiento -razón
Existencia -esencia

Este pensamiento fincado en el dualismo, en las díadas, en las relaciones elementales de oposición y polarización excluyente va a lograr como dice Morin un imprinting cultural, una huella matricial que inscribe a fondo el conformismo y da a lugar a la normalización que elimina lo que ha de discutirse, lo que no se puede incluir en las leyes de la ciencia, en la norma, etc.
Mientras que las relaciones superiores se expresan en tríadas o en forma multidimensional, tales como: orden – desorden -organización, pensamiento – palabra -obra, ayer -hoy -mañana, subconsciente -superconsciente -conciente, infraestructura -superestructura -estructura, libertad – igualdad -fraternidad.
El imprinting cultural es la marca que los humanos recibimos desde el nacimiento, primero con el sello de la cultura familiar, luego con el de la escuela, después con la universidad o en el desempeño profesional.
La lógica cartesiana que hace parte del imprinting cultural de las generaciones de los tres últimos siglos, ha reinado y marcado formas de pensamiento, teorías, interpretaciones, explicaciones, modos de actuar y de ver la realidad.
Edgar Morin con el paradigma del pensamiento complejo, construido mediante la incorporación dentro de su teoría, entre otros, del segundo principio de la termodinámica ya articulado por Ilya Prigogine, de la irreversibilidad del tiempo, los desarrollos de la antropología de LeviStrauss, de la teoría de la relatividad de Einstein, de los conceptos de la recursividad del aparato inteligente de la cibernética, los desarrollos de la teoría de sistemas de Bertalanfly, de la lingüística de Sausurre, de la metáfora del punto ciego de VonFoster; se encarga de develar esta lógica simplista y oscurantista de la riqueza de la naturaleza, para enrutamos por los laberintos de una complejidad opacada por una cosmovisión trivial. Morin lo recuerda en su autobiografía: Mis demonios, capítulo segundo “Mi cultura”: “Soy lo que soy porque me alimenté de mil flores. He asimilado mucho, he rechazado muy poco y, sin embargo, tengo una personalidad muy acusada; ¿Por qué? Mi diferencia procede, precisamente, de haber asimilado todos los ingredientes de la cultura francesa y europea, y esta asimilación me ha sido permitida precisamente por mi incultura original. Mi cultura, asimilada y autodidacta, no se ordenó de acuerdo con el imprinting. No entro en las categorías tanto doctrinales como disciplinarias en las que es preciso necesaria y ” normalmente” inscribirse…”
Se trata de una nueva cosmovisión que visibiliza el caos, el desorden, lasregulaciones, las circularidades, la disyunción, la disipación, el despilfarro y el derroche con los que actúa el universo maravilloso; una nueva visión que retorna al fuego inicial, al derroche estelar, para entre garle al futuro hombre observador-creador el resplandor de la vitalidad multidimensional e interactuante de la naturaleza con la humanidad.
Ahora en el siglo XXI, Morin le pide a la educación i que su papel sea catalizar el cambio de imprinting cultural, anclado en estructuras cognitivas simplistas, de relaciones duales, excluyentes y ciegas. Desea que la educación del futuro forme un observador-creador con sabiduría para observar; un observador con mirada mas que tridimensional; un observador con conciencia de su condición humana, de su ecología y su cultura; un observador que devele los secretos en su complejidad, que descubra esencias y anifestaciones; en fin, un observador que sólo cuenta con una certeza: la de la incertidumbre racional, la de que un nuevo conocimiento trae un no conocimiento, es decir de un observador conciente de un todo que no se hace visible a un ojo ciego, como lo explica Von Foster, en su metáfora del punto negro; de un observador que debe saber que no ve lo que no conoce.

Tercera Nota

La ciudadanía terrestre.

La educación es a la vez tras- misión de lo viejo y apertura de la mente para acoger lo nuevo, dice Morin. Cómo contribuir desde la educación a ~ formar imaginarios, sabidurías y mentalidades planetarias, mediante dispositivos que movilicen y permitan la , interacción de los ciudadanos del mundo? La educación en nuestro contexto es excluyente, no sólo al dejar de lado a grandes masas de la población, sino porque los contenidos y la calidad de lo que enseña es alta- mente diferenciada negativamente; una educación que reproduce la exclusión: la exclusión por origen geográfico de nacimiento; exclusión por origen étnico, racial, social, de clase y de género y exclusión por origen público o privado de la escuela. García Márquez advierte que: “una re- flexión más profunda nos permitiría establecer hasta qué punto este modo de ser nos viene de que seguimos siendo en esencia la misma sociedad excluyente, formalista y ensimismada de la Colonia”, Siempre se habla de los grandes retos que nos depara el futuro. Se llegó el futuro con el ingreso al siglo XXI y un reto que éste nos plantea es precisamente: proponemos la gran tarea inmediata de trasladar en el túnel del tiempo, nuestra realidad anclada en las mentalidades forjadas en la cultura hispánica del siglo XVIII, ausentes del
progreso técnico – científico, del espíritu empresarial, de las éticas ciudadanas, defensoras del esclavismo, la segregación y la ignorancia. De esta manera, generar a un nuevo espacio y tiempo, que recree en nuestra humanidad un espíritu que anteponga a cualquier situación económica, social, política, religiosa; el respeto por los derechos y la dignidad del hombre en su singularidad individual y en su comunidad antropológica.
Morin le recuerda ahora a la educación que estamos en la era planetaria, que la historia de la civilización ya no se teje anudada por puntadas separadas e independientes, sino por una urdimbre que se comunica, interactúa, se asocia y se rechaza en los mismos códigos globales. “Por eso es necesario aprender a vivir, a compartir, a comunicarse, a comulgar… Nos hace falta ahora aprender a ser y a comulgar como humanos del planeta tierra. No solamente ser de una cultura, sino también habitantes de la Tierra.. .”
Debemos inscribir en el nuevo imprinting cultural:
• La conciencia antropológica que reconoce nuestra unidad en nuestra diversidad
• La conciencia ecológica es decir la conciencia de habitar con todos los seres mortales una misma esfera viviente.
• La conciencia cívica terrenal, es decir de la responsabilidad y de la solidaridad para los hijos de la Tierra.
• La conciencia espiritual de la humana condición que viene del ejercicio complejo del pensamiento que nos permite comprendemos y autocriticamos entre sí”. “Civilizar y solidarizar la Tierra”. Transformar la especie humana en verdadera humanidad se vuelve el objetivo fundamental y global de toda la educación.
Para ello advierte Morin contamos con una riqueza fundamental las inacabables fuentes del amor humano. En la carta de navegación mencionada, García Márquez, ya nos advertía hace ha ya seis años: “Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a si misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética -y tal vez una estética para nuestro afán desaforado y legítimo de supe- ración personal. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños”.

Cuarta Nota:

Acerca de la Democracia como sistema complejo de organización

En su última recomendación para la educación del Futuro, llamada la Ética del Género Humano, Morin nos señala como las interacciones entre individuos producen la sociedad y como ésta retroactúa sobre los individuos. La cultura, por su parte, en sentido génerico, emerge de estas interacciones, las realiza y les da un valor. Por tanto individuo y sociedad existen mutuamente y la democracia permite la relación rica compleja entre ambos, de tal manera que individuo y sociedad pueden entre sí ayudarse, desarrollarse, regularse y controlarse. “La democracia es mas que un régimen político, comprende al mismo tiempo la autolimitación del poder estatal por la separación de los poderes, la garantía de los derechos individuales, y la protección de la vida privada. La democracia supone y alimenta la diversidad de los intereses así como la diversidad de las ideas. Necesita tanto conflicto de ideas como de opiniones que le den vitalidad y productividad”. “Pero la vitalidad y la productividad del conflicto solo se puede expandir en la obediencia a la norma democrática que regula los antagonismos reemplazando las batallas físicas por las batallas de ideas, y determina por la vía de los debates y las elecciones un vencedor provisional de las ideas en conflicto; el cual a cambio, tiene la responsabilidad de dar cuenta de la realización de sus ideas.” Democracia, exige a la vez consenso, diversidad y conflicto, por ello es un sistema complejo de organización y de civilización políticas que alimenta y se alimenta de la autonomía de espíritu de los individuos, de su libertad de opinión y de expresión, de su civismo que alimenta y se alimenta del ideal Libertad – Igualdad -Fraternidad.
La democracia constituye, por consiguiente un sistema político complejo, en cuanto viene de pluralidades, competencias y antagonismos permaneciendo como una comunidad”.  Por estas grandes razones, Morin recomienda porúltimo a la Educación enseñar la democracia. Como “cultura del debate”. La nueva escuela debe proponerse como un laboratorio de vida democrática. Se podrían, nos recomienda instaurar reglas de cuestionamiento de las decisiones institucionales consideradas como arbitrarias. Pero por sobre todo, hace énfasis en que el aula debe ser el lugar de aprendizaje del debate argumentado, de las reglas necesarias para la discusión, de la toma de conciencia de las necesidades y de los procesos de comprensión de
pensamiento de los demás, de la escucha y el respeto de las voces minoritarias y marginadas. En la mejor tradición de Habermas y Zuleta.
“Por eso es necesario aprender a vivir, a compartir, a comunicarse, a comulgar… Nos hace falta ahora aprender a ser y a comulgar como humanos del planeta tierra. No solamente de una cultura, sino también habitantes de la tierra… De nuevo en la Ley 115, General de Educación, de nuestro país, ya encontramos establecido la importancia de familiarizar al educando con la democracia.
Para ello actualmente se implementan procesos de gobierno escolar y practicas de convivencia y solidaridad, cátedras de desarrollo humano; aunque la aplicación de la norma no ha sido sistemática, ni en forma génerica en los establecimientos de enseñanza. Por otra parte, también es importante destacar como varias universidades del país, públicas y privadas, (Universidad Nacional, Universidad Pedagógica Nacional, Universidad Central, Universidad Javeriana, Universidad del Valle, entre otras) se vienen preocupando por el tema de la formación de la cultura política, desde la formación y la investigación sociológica, política y de la comunicación, especialmente para los niveles de educación básica. Experiencias aún aisladas.
La Democracia se pone en ejercicio mediante innovaciones pedagógicas y de otras formas de convivir y negociar en la escuela, que replanteen la relación maestro-alumno e institución y saberes. La educación superior colombiana también urge elevar su cultura política, urge repolitizar a sus directivas, profesores y estudiantes en unas’ nuevas lógicas que conjuguen los grandes principios de la cultura académica y de la cultura democrática, que son claramente complementarios. La educación superior tiene el compromiso con el resto del sistema de convertirse en modelo de comportamiento democrático, comprometido y responsable, generando bienes públicos para una sociedad, como la nuestra, privada de liderazgo del conocimiento y de oportunidades sociales y económicas.

El paradigma del pensamiento complejo puede ofrecer estrategias, alternativas y nuevas concepciones para asumir idóneamente los compromisos que exige la contemporaneidad, cuya fuerza “civilizadora debe proveerse de las mejoras dinámicas para destruir la destrucción de los egoísmos, autoritarismos, monopolios y privilegios. Para fortalecer una civilización que no perdonó ni justificó, la deshumanización de los humanos, la desinformación, la ignorancia, el desconocimiento y el irrespeto por las diferencias y las singularidades individuales.
El país requiere de una voluntad política fuerte más allá de las coyunturas de gobierno, que decida, de pronto iluminado por las profundas y urgentes recomendaciones de Edgar Morin, transformar y reformar a profundidad el sistema educativo colombiano, con la esperanza de que éste sea el factor nucleador de ese país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.

BIBLIOGRAFÍA
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